Te cuidas, sigues cada indicación médica, haces todo lo que te dicen, dietas, suplementos, posturas acrobáticas, cálculo de días fértiles…
Pero el embarazo no llega (o se detiene).
Cada mes repites el mismo proceso con la esperanza de que “esta vez sea diferente.”
💔 Pero el resultado es otro test negativo.
💔 Te preguntas si alguna vez lo lograrás o si ya es demasiado tarde. Y cada vez que te lo preguntas, ese pensamiento cae sobre ti como una losa, cada vez más pesada.
💔 A eso, suma que cada embarazo ajeno del que te enteras es un recordatorio de que tú aún no lo has logrado.
Y eso va pesando y pesando…
Por más que lo intentas, no puedes desconectar de esos pensamientos.
Día y noche, siguen ahí:
«¿Y si nunca lo consigo?»
«¿Por qué mi cuerpo no funciona?»
«¿Cómo puedo salir del exceso de negativismo, perfeccionismo o control?»
Te han dicho mil veces que “tienes que relajarte”, que “no pienses tanto en ello, que te olvides y no te obsesiones”…
Y tú también te lo dices, también sabes que deberías relajarte y no obsesionarte.
Pero no es tan fácil. Eso no funciona así. Saber que debería ser así no es suficiente.
Porque aunque tú quieres desconectar, tus pensamientos tienen otros planes para ti. Siempre encuentran la forma de recordarte lo que intentas olvidar:
- Tu infertilidad.
- El embarazo que no llega.
- Que llegue pero lo pierdas.
- El miedo a que nunca pase.
Y esos pensamientos son cada vez más devastadores.
Lo sé porque lo viví en primera persona.
El problema de todo esto es que no se puede eliminar, solo se puede gestionar.
Y hasta que no aprendas a hacerlo, será muy difícil que algo cambie a mejor. De hecho lo normal es que vaya cada vez a peor.
Porque la paz mental y el equilibrio emocional no es algo que tendrás una vez te quedes embarazada. Eso tampoco funciona así, sino al contrario.
Tu paz mental y tu equilibrio emocional van primero, y luego vendrá lo demás.
Y hoy no lo digo solo yo, lo dice la ciencia.